viernes, 7 de enero de 2011

2011-3. "El Brillo de la Seda", de Anne Perry

Cuando Estambul era Constantinopla...





Título: “El Brillo de la Seda”.

Título original: "The Sheen on the Silk”.

Autora: Anne Perry.

Editorial: Ediciones B.

Año: 2010.

Páginas: 574.

Género: Novela histórica (Constantinopla, S. XIII).


Frase promocional: En la turbulenta Constantinopla del siglo XIII, una joven busca la verdad tras el exilio de su hermano.

Sinopsis: Ana Zarides llega a Constantinopla disfrazada de eunuco dispuesta a dedicarse ala medicina. La acompañan sus dos fieles sirvientes y amigos: la criada Simonis y el eunuco Leo. Desde el momento en que llega a la ciudad, amenazada por las cruzadas, Ana pasa a ser Anastasio.

Sin embargo, el viaje de Ana encierra un secreto: su hermano gemelo, Justiniano, ha sido acusado de asesinar al emperador Bessarion, y ella está decidida a probar su inocencia. Pasan los años y Anastasio se convierte en un médico conocido que se relaciona con la alta nobleza. Mientras tanto, Constantinopla sufre el asedio de las tropas de Carlos de Anjou, y Ana aprovecha la oportunidad de salvar a su hermano.

En "El Brillo de la Seda", Anne Perry utiliza su intelecto para cambiar de registro y sumergirnos en una magistral novela histórica.

Puntuación: 3,5/5

Y, en efecto, la labor de Anne Perry es magistral al sumergirnos sin esfuerzo aparente en una época lejana y convulsa que, sin embargo, al lector no puede menos de antojársele profundamente vívida y actual; hasta tal punto que Constantinopla se convierte casi en un personaje más de la novela, sino en el más importante.

No obstante, hay que advertir de varias cosas a cualquier posible lector, al que la sinopsis anterior pueda conducir a engaño (como en realidad me sucedió a mí hasta cierto punto). Esta no es una novela que narre las aventuras y desventuras de Ana Zarides en su travestismo como médico eunuco; ni siquiera puede decirse, a mí entender, que ésa sea la trama central de la historia ni Ana/Anastasio su principal protagonista, sino más bien una pieza más del colorido mosaico.
Del mismo modo que Constantinopla es eje central de la trama, no lo puede ser menos la religión, teniendo en cuenta el momento histórico que se retrata: una Europa marcada por la ambición de Carlos de Anjou, en su empeño por lanzar una nueva Cruzada (la cuarta) y en la que las tensiones entre Oriente y Occidente, entre la Iglesia Católica romana y la Iglesia Ortodoxa bizantina, encuentran su escenario natural en una Constantinopla en la que confluyen ideas y culturas, creando un ambiente de tolerancia que choca con el dogmatismo religioso occidental. (Un ejemplo: Constantino, el obispo eunuco...).

Como consecuencia de todo ello, son frecuentes en "El Brillo de la Seda" las discusiones teológicas, los debates sobre el infierno y el paraíso, la redención y el perdón, la fe y tantos otros temas de similar naturaleza; lo cual hace que la historia resulte un tanto densa en ocasiones para los que, agnósticos como somos, no dedicamos demasiado tiempo a reflexionar sobre este tipo de cuestiones.
El pecado, cómo no, también está muy presente... aunque si un sentimiento predomina por encima de todos es el de la venganza, personificada magistralmente por el que sin duda constituye el personaje con más fuerza de toda la historia: Zoé Crysafés. Una mujer de setenta y muchos años que, sin embargo, se describe como una seductora nata (¿tendrá algo que ver que la propia Perry se encuentre en esa franja de edad?); que utiliza todas las armas a su alcance (venenos, dagas, el poder de un nombre y de los secretos) para obtener cumplida venganza a los ultrajes sufridos en el pasado, tanto por su propia familia y ella misma como por la ciudad a la que ama por encima de todas las cosas.

En definitiva, una buena novela histórica en la que los acontecimientos históricos marcan el ritmo, aunque se puede decir que predomina más el pensamiento que la acción...
Citas que dan pistas sobre lo que te encontrarás...
Zoé: "La fuerza era un buen sitio al que dirigir un ataque, porque nadie lo esperaba. La gente no se daba cuenta de que sus puntos fuertes, si se alimentaban, se elogiaban y se llevaban al exceso, podían resultar contraproducentes."
Eunucos: "Le vinieron a la cabeza las sedas que había visto en los mercados, que al acercarlas a la luz cambiaban de color: unas veces eran azules, otras veces eran verdes. El carácter de los eunucos era como el brillo de la seda: fluido, impredecible."
Guerra y religión: "La única manera de cambiar la religión de las personas es convencerlas de que hay algo mejor, no amenazarlas con destruirlas si se niegan."

Escenas de impacto.
Si bien en esta novela las muertes abundan, naturales o no, ninguna tan gráfica e impactante como estas dos:

* Zoé: el (violento) final del mito. (Página 504)

* Una mente (¿un alma?) atormentada por sus pecados. (Página 528)

Te gustará si te gusta... Los debates teológicos sobre cielo e infierno y la novela histórica bien ambientada.

Otras obras de la autora: Anne Perry es conocida como la reina del crimen victoriano por sus novelas de misterio amientadas en la Inglaterra del siglo XIX, con dos series muy conocidas entre los amantes del subgénero:
* La protagonizada por William Monk, inspector de policía o detective privado según el momento de la historia...
* La protagonizada por Thomas Pitt (mi favorita) y su intelegente y carismática esposa de clase alta, Charlotte (algo así como la Watson de este Sherlock).
Además, es autora de una serie de novelas que tiene como trasfondo la Primera Guerra Mundial, que toma como hilo conductor la trayectoria vital de los hermanos Reavley (Joseph y Matthew, pero también Judith) y esboza un retrato de aquellos que participaron en la Gran Guerra. Altamente recomendable.

Anne Perry: esa 'criatura celestial'...
Dicen que a la escritora no le gusta que, cada vez que se hable de ella, acabe surgiendo antes o después el 'caso Parker-Hulme'; evidentemente, es comprensible. ¿A quién le gusta que le recuerden su pasado delictivo? Claro que, a qué engañarnos, es difícil resistir la tentación.
En efecto: Anne Perry nació como Juliet Marion Hulme, aunque posteriormente se cambió el nombre utilizando el apellido de su padrastro. Y, de una forma u otra, todos hemos oído hablar de su historia y su crimen, aunque lo menos habitual es asociarla a ella con dichos acontecimientos; esos que Peter Jackson retrató en una de sus primeras películas, "Criaturas Celestiales" (1994), en la cual Kate Winslet interpretaba a la Juliet adolescente.
Y es que, junto con su amiga de la escuela Pauline Parker, Juliet asesinó a la madre de Pauline, Honora Rieper. En junio de 1954 los padres de Juliet se encontraban en proceso de separación, y se decidió que ella fuera enviada a Sudáfrica a vivir con un pariente. Las dos adolescentes, quienes habían soñado una vida juntas llena de fantasía, poblada de famosos actores tales como James Manson y Orson Welles, no querían ser separadas, ya que habían tenido la esperanza de irse a Inglaterra con el padre de Juliet después del divorcio.
El 22 de junio de 1954, las chicas condujeron a Honora Rieper a un paseo a pie por el parque Victoria en la ciudad de Christchurch, donde entonces vivían. En un camino solitario Juliet tiró una piedra de ornato para que la Sra. Rieper se agachara a recogerla. En ese momento, Pauline había planeado golpear a su madre con un ladrillo. Las chicas supusieron que sería suficiente para matarla. Sin embargo, se requirieron 45 frenéticos golpes de ambas chicas para finalmente matar a Honora Rieper. La brutalidad del crimen ha contribuido a su notoriedad.

Pauline y Juliet fueron llevadas a juicio en Christchurch en 1954, y fueron encontradas culpables el 29 de agosto de ese mismo año. Como eran demasiado jóvenes para ser sometidas a la pena de muerte según la ley neozelandesa de aquella época, fueron sentenciadas y condenadas a permanecer detenidas en la gracia de Su Majestad. En la práctica, esta sentencia significaba que permanecerían encarceladas según la discreción del ministro de justicia. Fueron liberadas por separado unos cinco años después. Una condición para su liberación fue que jamás se volverían a ver o comunicar.
Se cree que Pauline y Anne no se han vuelto a comunicar desde su juicio, tal como fue exigido en las condiciones de su liberación.

¡Vaya! Mejor cambiemos de tema y volvamos a la literatura...
Travestimos literarios:
Y una buena forma de hacerlo, y como cierre de esta entrada, sería hacer referencia a algunas de esas novelas históricas que hacen uso de la que, en principio, prometía ser la premisa básica de la obra que ahora nos ocupa: lo que yo llamo "travestimos literarios", y que no es sino el caso de mujeres que se disfrazan de hombres por los más peregrinos motivos, aunque tratándose de novela histórica, las ventajas están más que claras. Mayor libertad para viajar o para dedicarse a oficios vedados al género 'débil' (¡ja!) y, muy a menudo, el medio para llevar a cabo una venganza o algún tipo de misión.

* Lo suyo sería empezar mencionando la "Noche de Reyes" del simpar Shakespeare, pues los avatares de Viola y Sebastián son un clásico en el género... pero la verdad es que no la he leído.
* "El Faro de Alejandría", de Gillian Bradshaw, autora de novelas históricas llenas de sentimiento y acción, en la que la protagonista huye disfrazada de eunuco a Alejandría para evitar un matrimonio no deseado... y allí acabará convertida en médico (igual que Anna).
* "La Papisa", de Donna W. Cross, relata de forma amena un caso curioso: el de la Papisa Juana, cuya existencia fue reconocida durante largo tiempo por la Iglesia Católica, aunque actualmente se considera un personaje de leyenda.
* "Tierra Firme", de Matilde Asensi... o de como Catalina Solís se convierte en Martín Nevares por obra y gracia del espíritu pirata. Primera parte de la Trilogía de Martín Ojo de Plata.
* Y no me resisto a incluir en la lista "La Templaria", de Wolfgang Hohlbein, pues aunque ahora mismo no recuerdo si había travestismo o no, lo cierto es que es una de las mejores novelas en esto de mujeres que cometen amenas intrusiones en terrenos que les están vedados.
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Proximamente: "La Historia de Edgar Sawtelle", de David Wroblewski.

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