jueves, 3 de marzo de 2011

2011-22. "Sé Lo Que Estás Pensando", de John Verdon

'Piensa un número'

Título: "Sé Lo Que Estás Pensando"

Título original:
"Think Of A Number".

Autor: John Verdon.

Editorial: Roca.

Año
: 2010.

Páginas
: 431.

Género
: Novela negra.

Frase promocional:
"Uno de los mejores thrillers que he leído en años. Es inteligente, sólido, compulsivo y lleno de giros brillantes." - John Katzenbach, autor de "El psicoanalista".

Sinopsis.
"Si alguien te pidiera que pensaras en un número, yo sé en qué número pensarias. ¿No me crees? Piensa en cualquier número del uno al mil. Ahora verás lo bien que conozco tus secretos. Abre el sobrecito."

Un hombre recibe una carta que le urge a pensar en un número, cualquiera. Cuando abre el pequeño sobre que acompaña al texto, siguiendo las instrucciones que figuran en la propia carta, se da cuenta de que el número allí escrito es exactamente en el que había pensado. David Gurney, un policía que después de 25 años de servicio se ha retirado al norte del Estado de Nueva York con su esposa, se verá involucrado en el caso cuando un conocido, el que ha recibido la carta, le pide ayuda para encontrar a su autor con urgencia. Pero lo que en principio parecía poco más que un chantaje se ha acabado convirtiendo en un caso de asesinato que además guarda relación con otros sucedidos en el pasado. Gurney deberá desentrañar el misterio de cómo este criminal parece capaz de leer la mente de sus víctimas en primer lugar, para poder llegar a establecer el patrón que le permita atraparlo.

Puntuación: 3/5

Ya lo dice la sabiduría popular: las cosas no son como empiezan, sino como acaban... y no siempre lo que mal empieza termina de la misma forma. Exactamente lo que sucede con "Sé Lo Que Estás Pensando": su ritmo inicial es bastante lento, llegando a resultar incluso bastante denso por momentos, demasiado recargado en sus abundantes descripciones de paisajes intrascendentes y superficial en la presentación de los aspectos psicológicos del personaje central. Su desenlace, por contra, peca de apresurado en ocasiones, y no termina de concretar satisfactoriamente algunos de los acontecimientos previos, si bien su lectura es mucho más amena y rápida, sin llegar al extremo de la compulsión.

En muchos aspectos, se hace evidente el carácter de primera novela de esta obra, que no aporta nada nuevo al género negro, ni siquiera al subgénero de los asesinos en serie. El intento de dotar a su protagonista de profundidad psicológica, humanizándolo así de cara al lector, se queda en poco más que eso: un intento... un enfoque del personaje que quizá tendría algún sentido si este libro estuviese planteado como el primero de una serie; lo cual, por otra parte, no parece una hipótesis plausible teniendo en cuenta la condición de policía retirado de Gurney. Un Gurney que, para mi gusto, y por más que el autor haga hincapié en su espectacular capacidad lógica, resulta demasiado inteligente por momentos e incluso, y si eso tiene algún sentido, demasiado "protagonista".

Dejando a un lado cierta torpeza en el estilo narrativo, a la que puede haber contribuido en buena medida una traducción no demasiado lograda, la mayor virtud de la historia se encuentra en un par de buenas ideas, empezando por el truco del número que da pie a todo el caso y que, a mi entender, es uno de los mayores reclamos de este libro, puesto que el elemento misterioso, mágico incluso, sin duda encierra gran potencial de atracción para todo tipo de lectores. En cuanto a la resolución del misterio sólo diré que es de lo más prosaico que imaginarse pueda, pero al menos resulta satisfactoria.

Sin embargo, el final no es del todo impredecible (digamos que la identidad del asesino no fue para mí ninguna sorpresa), lo cual resulta hasta cierto punto decepionante, especialmente dado el hincapié que parece poner Verdon en la inteligencia de sus dos personajes clave, el bueno y el malo, y más aún cuando resulta bastante evidente que su intención era precisamente esa: la de sorprender al lector con el ingenio de su creación.

Así pues, buenos giros en algún momento de la historia, pero nada grandioso. Una novela negra más... Todo ello a pesar de que "Sé Lo Que Estás Pensando" luce ya la etiqueta de gran éxito editorial y auténtico bestseller no sólo en nuestro país, en el que ya va por la 17 ª edición desde su publicación en el mes de junio pasado. Desde mi punto de vista, cuestión de marketing o de una idea atractiva bien plasmada en una portada con gancho; decepcionante, si me lo preguntáis, cuando existen muchas novelas del género bastante más interesantes y mejor escritas. Otro caso a lo "El Código Da Vinci"...

Te gustará si te gusta... La novela negra y los enigmas aparentemente irresolubles. Pero sólo si eres un gran amante del género; si no, como decía, hay otras historias mejores a las que dedicar tu tiempo de lectura.

Nota histórica: David Berkowitz.

En cierto momento de la historia, en una de esas reuniones propias de estos casos en los que los expertos se dedican a estudiar las peculiaridades del ídem, surge el tema de la locura de los asesinos en serie o rituales y de cómo varios de estos fueron juzgados legalmente sanos a pesar de incurrir en locuras aparentes como comerse a sus víctimas o matar a gente porque su perro satánico le decía que lo hiciera. Tal cosa, en efecto, dijo David Berkowitz para "justificar" sus asesinatos.

David nació el 1 de junio de 1953, hijo no deseado de Betty Broder, quien lo abandonó, y adoptado por Nat y Pearl Berkowitz. Era un niño tímido y con baja autoestima que trataba de proyectar una apariencia autosuficiente, mintiendo y causando problemas. Su comportamiento alternaba momentos de extrema timidez, complejo de inferioridad y fuertes depresiones con arrebatos de ira y violencia desmesurada.

Su madre adoptiva murió en 1967 cuando el tenía 14 años; fue lo peor que le pudo pasar. Al no tener suerte con las mujeres, fue alimentando su odio contra ellas; además, el recuerdo de su verdadera madre y lo que hizo con él confirmaba este odio.

La mente de Berkowitz no pudo asimilar tanta soledad y en su adolescencia comenzaron sus desdoblamientos (doble personalidad).

Queriendo mejorar su autoestima y al mismo tiempo vengarse de una sociedad en la que no terminaba de encajar, se compra un revólver. A los veintitrés años comienza una serie de crímenes. Sus asesinatos sembraron el terror en Nueva York entre 1976 y 1977; asesinó a seis personas y consiguió herir a otras siete.

El joven Berkowitz asesinaba sin razones, disparaba su revólver calibre 44 indistintamente a cualquier persona que se cruzaba en su camino, sin importarle raza, sexo o edad. A medida que pasaba el tiempo fue ganando una estremecedora seguridad en sí mismo que lo transformó en un personaje frío y sin escrúpulos, a la vez que negligente a la hora de llevar a cabo sus crímenes.

El 29 de julio de 1976, en el Bronx, N.Y., Donna Lauria de 18 años y su amiga Jody Valenti de 19, estaban hablando en el interior del coche de Jody, enfrente de la casa de Donna. Era cerca de la 1:00 cuando un hombre se acercó al coche y, sin pronunciar palabra, disparó cinco veces matando a las dos jovenes.

El 23 de octubre de 1976, Carl Denaro, de 20 años, estaba en una fiesta con su amiga Rosemary Keenan; a las 2:30, él se ofreció para llevarla a su casa. Se estacionaron frente a la casa de Rosemary y comenzaron a hablar; de repente, un hombre se acercó al coche y disparó cinco veces, pero solamente hirió a Carl en la cabeza; Rosemary condujo buscando ayuda. Aunque Carl no murió quedó dañado para el resto de su vida.

Pasado un poco más de un mes de que ocurriera el último ataque, el 26 de noviembre de 1976, Donna Lamassi de 16 años, y su amiga Joanne Lomino de 18 años, regresaban del cine de noche cuando se dieron cuenta de que un hombre las seguía, así que apuraron el paso. El hombre les preguntó: "Saben en dónde está..."; pero antes de terminar la pregunta les disparó; las dos chicas resultaron heridas. Donna sobrevivió, pero Joanne quedó parapléjica.

Las cosas permanecieron normales durante dos meses, hasta el 30 de enero de 1977, cuando Christine Freuna y su prometido John Diel, regresaban de una galería en Queens a las 0:30. No se dieron cuenta de que un hombre los estaba observando y se acercaba al coche; el hombre disparó dos veces, y los dos disparos dieron en la cabeza de Christine. Su novio salió corriendo buscando ayuda, pero los vecinos ya habían llamado a la policía.

La investigacion del detective Joe Coffey descubrió que este asesinato coincidía con los de Donna Lauria, el ataque de Donna Lamassi y Joanne Lomino: tenían frente a ellos a un psicópata con un revólver calibre 44, un arma poco usual, pero el problema era que no se podía encontrar relación entre las víctimas.

El 8 de marzo de 1977, una joven llamada Virginia Voskerichian, regresaba de clases en la noche, cuando un hombre se le acercó y sacó un revólver calibre 44 y le apuntó a la cara. Virginia se cubrió con sus libros, pero una sola bala bastó para matarla. Un hombre presenció todo, pero cuando el asesino pasó frente a él se limitó a darle las "buenas noches".

Como los investigadores temían, el 17 de abril de 1977 el asesino vuelve a atacar; Valentina Surani y su novio Alexander Esau se besaban en su coche. Eran alrededor de las 3:00 y un hombre se les acercó y les disparó dos veces a cada uno. Los dos murieron. Las evidencias decían que se trataba del mismo asesino, pero esta vez, había dejado una carta en la que se autonombraba "El Hijo de Sam" (Son of Sam). La carta estaba dirigida al capitán Joseph Borrelli, uno de los principales integrantes de la operación Omega, que estaba tras el asesino del revólver calibre 44. No contento con ello, envía una carta al periódico 'New York Daily News' que se encargaba de su caso, y en ella les agradece su atención y les promete que tendrán más de qué hablar.

El 31 de julio de 1977, una joven llamada Stacy Moskowitz y su novio Bobby Violante, regresaban de ver una película, y se detuvieron en el coche cerca de un parque. Bobby convenció a Stacy de que se bajaran a dar un paseo, pero ella no parecía muy convencida, así que regresaron al coche. En ese momento un hombre se les acercó y les disparó; Bobby recibió dos disparos en la cara y Stacy uno en la cabeza. Horas después, Stacy murió, Bobby perdió el ojo izquierdo y sólo lograron salvarle el 20% de visiblidad en el derecho. Ese fue el último ataque de "Son of Sam" ya que un testigo logró identificarlo cuando huía del escenario del crimen.

El 10 de agosto de 1977 la policía tiene las pruebas suficientes para detener a David Berkowitz. A las 19:30 un hombre salió del edificio donde vivía éste con una bolsa de papel en la mano. Se aproximó a un auto, y fue el momento de la detención. Le ordenaron detenerse. El oficial preguntó: "Ahora que te tengo, dime, ¿a quién tengo?"; "ya lo sabes", dijo el hombre sonriendo, "soy el hijo de Sam, David Berkowitz".

Confiesa todos sus crímenes, pero trata de alegar locura afirmando escuchar la voz de un demonio de 6.000 años reencarnado en Sam, el perro de su vecino, el cual le daba órdenes de matar. Los psiquiatras lo diagnostican como esquizofrénico paranoide de personalidad antisocial. Berkowitz es juzgado culpable y condenado a cadena perpetua, con una pena de 365 años en una cárcel de máxima seguridad.

Una vez en la cárcel, reconoce haber formado parte de un culto satánico relacionado con Charles Manson, y asegura que sus crímenes no los cometió solo, sino que habían sido varios los tiradores con un calibre 44. "Me fascinaban los temas relacionados con la brujería y el ocultismo. En 1975 conocí a unos tipos que parecían simpáticos. Eran satanistas. Ingenuamente me uní al grupo, y empecé asistiendo a los rituales. Al principio no era más que un simple participante, pero muy pronto me convertí en un verdadero adorador del Diablo. Mi cuerpo y mente le pertenecían, yo me estaba convirtiendo en una máquina de matar".

La policía neoyorquina venía ya sospechando que detrás de todos esos crímenes se hallase una secta satánica, y que Berkowitz no fuese más que uno de los adeptos de más bajo rango: la coartada perfecta para encubrir a los miembros de más posición. Aún así, y como en la mayoría de estos casos, las mismas fuerzas de seguridad que se ocuparon del caso, trataron de ocultar todos aquellos datos que relacionaban el crimen con el satanismo, siendo revelados al público más tarde gracias a las investigaciones del periodista Maury Terry.

En la prisión fué asaltado por otros reclusos y degollado, pero sobrevivió con una cicatriz de 56 puntos en el cuello.

Otras propuestas: marchando una de asesinos en serie.

Casi un subgénero dentro de la novela negra, innumerables son las obras de ficción (aunque también las que no lo son) que tratan el tema de los asesinos en serie, en todas las épocas y ambientaciones posibles; y muchos de ellos, como ya se ha comentado, de forma bastante más amena e interesante que en "Sé Lo Que Estás Pensando". Hay va alguna recomendación para los amantes del género...

* O los que lo sean simplemente de las historias adictivas con una buena ambientación histórica: en este caso, nos encontramos en Nueva York en las postrimerías del S.XIX (1.896), donde conoceremos al interesante personaje de Lazslo Kreizler, "El Alienista". Caleb Carr nos sumerge con maestría en una investigación policial en la que se combina lo psicológico con lo científico (siempre ateniéndose a las posibilidades de la época histórica en cuestión), de la mano de unos personajes originales y llenos de fuerza: no sólo el mencionado alienista, sino también la primera mujer policía del departamento, Sara Howard; los hermanos Isaacson, sargentos detectives y con notables conocimientos en ciencias del cuerpo y grandes dotes de interpretación psíquica; John Schuyler Moore, reportero del 'New York Times' y un joven Theodore Roosevelt, aún comisario de policía. Todos ellos a la caza del asesino con reminiscencias de Jack el Destripador, si bien sus víctimas son jóvenes muchachos que se visten de mujer para prostituirse.

* En "El Camaleón", de Peter Robinson, nos encontramos con un relato verdaderamente estremecedor y por momentos brutal, que mantiene en vilo al lector desde la primera hasta la última página; y todo ello a pesar de que la novela se inicia con la detención de nuestro asesino en serie protagonista. Un nuevo caso del inspector Alan Banks, como reza la propia portada del libro: un personaje muy humano, un detective que padece y empatiza con sus compañeros, también un poquito donjuan. ¿El punto de partida? Una pareja aparentemente normal oculta en el sótano de su chalé burgués un macabro tesoro: los cadáveres de sus víctimas, jóvenes secuestradas sometidas a todo tipo de torturas y vejaciones sexuales. No en vano Robinson se inspiró en casos famosos de amantes psicópatas a los que unían las mismas pulsiones asesinas como el del matrimonio West, Fred y Rosemary, moradores del número 25 de Cromwell Street, en Gloucester, Reino Unido, la "casa de los horrores". El tema del maltrato y la violencia doméstica goza de especial relevancia en esta historia, muy actual en su conjunto.

* Y para completar la perspectiva temporal, un asesino en serie en el futuro: el que José Carlos Somoza nos presenta en "El Cebo", una original propuesta en la que las obras de Shakespeare se convierten en algo más que simple literatura. La protagonista es Diana Blanco, un cebo, una especie de agente policial que trasciende lo que es en sí la policía. Expertos conocedores de la conducta humana, los cebos usan lo que saben del psinoma (o "genoma psicológico") para crear máscaras o armas para defenderse de los ataques de piscópatas de todo tipo. Diana quiere ser el cebo del Espectador, un asesino en serie que secuestra y mata a mujeres jóvenes; especialmente cuando su propia hermana, también cebo, parece estar en el punto de mira del asesino. Un technotriller nacional con trasfondo fantástico cargado de acción trepidante y giros en la trama.

Otro día, más...
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Proximamente: "La Habitación", de Emma Donoghue.

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