lunes, 23 de mayo de 2011

2011-48. "Chico de Ojos Azules" de Joanne Harris

Otra clase de 'blogs'...

Título
: "Chico de Ojos Azules"

Título original: "blueeyedboy"

Autora: Joanne Harris.

Editorial: Duomo.

Año: 2010 (2011 de la edición en español).

Páginas: 421.

Género: Narrativa contemporánea.

Frase promocional: "Una novela ingeniosa que atrapa, seduce." -Daily Express.


Sinopsis:

Una madre viuda. Tres hijos. Tres colores. Negro, marrón y azul. Negro es agresivo. Marrón es tímido. Azul, el menor, es el niño de mamá. Y además, un asesino.

B.B. tiene cuarenta y dos años, vive con su madre y trabaja como empleado de la limpieza en un hospital. Todos sus amigos son virtuales y su lugar de encuentro es un foro de Internet. Allí comparte una común afición por lo siniestro y los relatos violentos que a veces parecen confundir la ficción con la realidad. Y es que B.B. necesita contar una historia: la suya. Un pasado de rivalidades y mentiras en el seno de una inquietante familia.


Puntuación: 4/5

"Érase una vez una viuda con tres hijos cuyos nombres eran Negro, Marrón y Azul. Negro, el mayor, era taciturno y agresivo. Marrón, el de en medio, era tímido y tonto. Sin embargo, la madre prefería a Azul. Y era un asesino."

Llamadme quisquillosa, pero para mí hay una diferencia, acaso no sustancial pero tampoco pequeña, entre el "Chico de Ojos Azules" de nuestra versión y el "chicodeojosazules" traducción literal del original. De acuerdo en que ambos títulos, unidos a que su autora sea una Joanne Harris más que conocida por su particular estilo, próximo a una suerte de realismo mágico no exento de cierto romanticismo, pueden inducir igualmente a la equivocación, y hacer creer al poco informado (la simple lectura de la intrigante sinopsis es suficiente para considerarse excluido de tal categoría) que se encuentra ante una novela del estilo de sus predecesoras; algo con tintes más rosas que negros, si seguimos el ejemplo de la escritora y recurrimos al color para explicar los hechos de la vida.

Así pues, el error es justificable para el que se guíe sólo por el título que, como ya he dicho, debería haber sido "chicodeojosazules", así, sin espacios y con minúsculas. Y es que, al fin y al cabo, nuestro narrador es virtual, y su nombre, un nick, pues en esta caleidóscopica historia en la que las cosas no son lo que parecen, y donde ficción y realidad se entremezclan de muchas más formas de las que el lector es capaz de imaginar, a tal punto que resulta difícil distinguir lo real de su reflejo en este elaborado juego de espejos, internet se convierte en nuestra cuarta dimensión, anfitriona y escenario de los acontecimientos narrados.

En efecto, el libro se estructura en forma de entradas que su protagonista, B.B., realiza en su diario en la página web badguysrock, el peculiar hogar virtual de ciertos marginados de la más diversa índole, sin que tampoco llegue a estar del todo claro qué es lo que les une, más allá de su afición a los malvados o los violentos... o tal se les presupone. Unas entradas que se dividen entre los comentarios de acceso público, relatos teóricamente ficticios en los que chicodeojosazules se revela como un asesino en potencia, imaginario o real, y aquellos otros de índole privada y acceso restringido en que B.B. ofrece la versión supuestamente real de lo que acontece en su vida, al tiempo que dibuja un pasado tan inquietante como desconcertante.

La propia Joanne Harris compara este "Chico de Ojos Azules", en su nota final de agradecimientos, a un cubo de Rubik; ciertamente, el símil es de lo más acertado. Esta novela es en muchos aspectos un puro juego de ingenio, un gran acertijo que atrapa, inquieta y no decepciona, y en la que la trama gira y gira hasta componer la figura final, en un desenlace que no sólo no deja indiferente sino que casi perturba el ánimo del lector; todo ello sin que falte lo que yo llamo un "momento Sexto Sentido": uno de esos instantes en los que una simple palabra te hace replantearte todo lo que has leído hasta el momento y no puedes dejar de sorprenderte de la habilidad de la autora para llevarte por dónde quiere, incluso cuando, como en este caso, eres consciente de que gran parte de lo que se te cuenta no es sino una cortina de humo tras la que ocultar la verdad.

Cubo de Rubik, además, porque en esta historia, como en el clásico juguete, hay muchas caras y muchos colores: muchas versiones de los hechos y dos narradores enfrentados en una suerte de inquietante partida de ajedrez, con sus diferentes visiones de una realidad que, como decíamos, se entremezcla en todo momento con la ficción haciendo difícil separar una de otra. Colores que se identifican, a su vez, con personajes fuera de lo común: Negro, Marrón y Azul, por supuesto, pero también Blanco y Verde, que serán claves para el desarrollo de la historia.

Y a todo esto, os estaréis preguntando: pero, ¿de qué va esa historia? No quiero ser aguafiestas, pero para saberlo, lo mejor es leer "Chico de Ojos Azules". Una novela negra, si hay que elegir un color, con personajes que se mueven entre lo ordinario y lo extraordinario; una historia sobre una mujer, sus tres hijos y lo que sucede cuando sus caminos se cruzan con los de otras personas ordinarias o extraordinarias. Más de una muerte, mucho mundo virtual y, por encima de todo, lo crudo de la realidad en el seno de una familia disfuncional.

"Y hasta aquí puedo leer...", como dirían en aquel famoso concurso televisivo; el resto, es cosa de que lo leías vosotros, y os dejéis seducir por una Joanne Harris que nada tiene que ver en el fondo con la de "Chocolate", pero que, aún así, atrapa como siempre e inquieta como nunca.


¿Sinestésico o sinesteta?

Siempre había pensado que el término correcto era sinestésico, por más que en "Chico de Ojos Azules" se los llame sinestetas, pero no es mi intención darle vueltas a asunto tan baladí, menos aún cuando el propio concepto resulta tan interesante que hace que perder el tiempo en discusiones hueras resulte doblemente absurdo. Obviamente, no me siento tan fascinada por las palabras como la autora y sus personajes, muchos de cuyos juegos de doble significado, por cierto, exigen de un trabajo extra de los traductores a pie de página, pues resultan imposibles de traducir al castellano.

Y es que esta novela, a pesar de todo lo dicho y de la diferencia evidente con el resto de obras anteriores de la autora, puede considerarse también en cierto modo como una novela de los sentidos: el gusto, el olfato, la vista, el oído... Harris juega con los sabores, los olores, los colores y hasta el sonido de una forma tan sutil como original, todo ello de la mano de unos personajes que se vuelven extraordinarios por obra y gracia de la sinestesia, de forma que los que no ven escuchan los colores y otros huelen y saborean las palabras con una abrumadora intensidad que casi traspasa las páginas.

¿Qué es la sinestesia? Empecemos con un juego, ya que ésa parece ser, en cierto modo, la palabra del día...

Esta imagen se usa en un test para demostrar que el ser humano no asigna los nombres a los objetos arbitrariamente:

Imagine que una persona remota llama a una de estas dos formas Booba y a la otra Kiki. ¿Cuál es cuál? La respuesta, al final de esta entrada...

Pues bien: sinestesia... Evidentemente, no estamos hablando de tropos literarios, de esos a los que Juan Ramón Jiménez era tan aficionado, aunque probablemente tal figura es la explicación de que todos estemos más o menos familiarizados con el término. La sinestesia (del griego συν, 'junto', y αισθησία, 'sensación') es, no sólo en retórica y estilística, sino también en neurología, la mezcla de varios sentidos. Un sinestésico puede, por ejemplo, oír colores (como uno de los personajes de la novela), ver sonidos, y percibir sensaciones gustativas al tocar un objeto con una textura determinada. No es que lo asocie o tenga la sensación de sentirlo: lo siente realmente... hecho éste que se revelará también clave en "Chico de Ojos Azules" para uno de nuestros protagonistas.

Los sinestésicos perciben con frecuencia correspondencias entre tonos de color, de sonidos e intensidades de los sabores de forma involuntaria; por ejemplo, tocar una superficie más suave les puede hacer sentir un sabor más dulce. Estas experiencias no son metafóricas o meras asociaciones sino percepciones, y la depresión tiende a aumentar su fuerza. Otro ejemplo, asociar el color amarillo al número 7. Algunos ven colores cuando escuchan música, otros pueden sentir el sabor de las palabras (las dos principales formas de sinestesia de nuestros dos grandes protagonsitas, por cierto). Otras personas pueden percibir la letra A de color rojo, la S de color amarillo y la Z de color negro.

Científicos de la Universidad de California sostienen que sus descubrimientos apoyan la idea de que la sinestesia se debe a una activación cruzada de áreas adyacentes del cerebro que procesan diferente informaciones sensoriales. Este cruce podría explicarse por una falla en la conexión de los nervios entre las distintas áreas cuando el cerebro se desarrolla en el interior del útero.

La sinestesia puede ocurrir incluso cuando uno de los sentidos está dañado. Por ejemplo, una persona que puede ver colores cuando oye palabras puede seguir percibiendo estos colores aunque pierda la visión durante su vida. Este fenómeno recibe también el nombre de "colores marcianos", término que se originó tras un caso de un sinestético que nació parcialmente daltónico pero decía ver colores 'alienígenas', que era incapaz de ver en el sentido habitual del término y que en realidad percibía debido a su sinestesia.

La primera descripción de este fenómeno la realizó el Doctor G.T.L Sachs en 1812. Se da con más frecuencia entre los autistas, aunque también se ha asociado con algunos tipos de epilepsia, si bien su forma más accesible, pasajera e inducida, que no permanente o innnata, es como efecto común de algunas drogas psicodélicas, como el LSD, la mescalina o algunos hongos tropicales.Aunque no se considera un fenómeno frecuente, lo cierto es que hoy en día algunos científicos han sugerido que es 88 veces más común de lo que se suponía y que es posible que el fenómeno ocurra en una de cada 100 personas. Una causa de la diferencia en estas estadísticas es que los sinestésicos no suelen reconocer que la mayoría de la gente no tiene esa capacidad. El tipo de sinestesia en el cual las personas ven colores cuando oyen o leen letras y números es el más frecuente, hasta 1% de personas. Otras personas saborean sonidos y colores, pero en conjunto es difícil describir las capacidades de los sinestésicos porque hay muchas clases.

Algunos sinestésicos son extraordinarios y poseen una profunda sensibilidad musical, pues pueden distinguir e identificar sonidos que, a nivel consciente, no son fácilmente percibidos por otros humanos "normales" lo cual muchas personas suelen relacionar con el 'oído absoluto'. La creatividad es otra característica de estas personas. Actualmente se realizan investigaciones con personas en gran parte del mundo y se ha descubierto que también poseen excelente memoria y poder de recordar hechos, aunque las capacidades extraordinarias no son una condición común a todos los sinestésicos.

En cualquier caso, es este un don (creo que no es incorrecto llamarlo así, pues al fin y al cabo la sinestesia mejorada se considera un superpoder propio de algunos superhéroes, valga la super-redundancia) que resulta mucho más fácil de entender tras la lectura de la novela protagonista del día, pues es magistralmente descrito por Joanne Harris en su narración, y utilizado con no menos habilidad para dar forma a unos personajes difíciles de olvidar, que no sienten como los demás.


Banda sonora...

Se ve que Joanne Harris y yo tenemos algo en común: ambas compartimos la idea de lo importante que puede ser la música como medio narrativo; y no ya sólo en el sentido más habitual de lo que es una banda sonora, como sonido de fondo que crea ambiente o evoca sensaciones, sino incluso en un sentido más literal, en el que es el propio significado de las letras, la palabra más que el sonido, lo que aporta relevancia a la aportación musical. Después de todo, hay canciones para todos los gustos también en lo que a temática se refiere...

De este modo, cada uno de los comentarios que chicodeojosazules realiza en su diario virtual, ya sean públicos o restringidos, van acompañados en su encabezamiento, además de por la fecha y hora, por un estado de ánimo (por cierto que no los había visto nunca tan variados, por más que lo de caústico o vitriólico no es algo que una vea muy a menudo) y por un "estoy escuchando..." que nos permite conocer de los gustos musicales de nuestro protagonista. Si bien, desde mi punto de vista, y como decía hace un momento, la selección musical de Harris para B.B. tiene más que ver con el propio contenido de las entradas en su blog y de la propia historia que con cualquier otra cosa.

Así, si en lo básico puede decirse que a nuestro chico le gustan los clásicos (David Bowie, Mark Knopfler, Genesis, Pink Floyd, Queen...) sin que falte alguna pincelada má actual (Green Day, Jarvis Cocker, Radiohead o My Chemical Romance), lo cierto es que lo verdaderamente relevante son los títulos de las canciones elegidas en cada momento, que se adaptan como un guante al contenido del comentario de turno; de tal forma que no es difícil adivinar de qué nos va a hablar nuestro virtual narrador cuando escucha 'Big Brother' de Hazel O'Connor, 'Mama' de los MCR, 'True Colors' de Cindy Lauper o 'A Rose For Emily' de The Zombies...

Aunque si hay una influencia musical a destacar en esta novela de Joanne Harris es sin duda la de Voltaire, un músico cubano popular en la escena gótica al que la escritora incluye, incluso, en su ronda final de agradecimientos. Reconocido artista de animación y cómics, además de profesor de artes en la School of Visual Arts de Nueva York, su música tiene fuertes raíces tanto en el folk europeo como en la música gótica, a pesar de lo cual, o acaso por eso mismo, muchos oyentes la consideran difícil de clasificar. Muchos la llaman darkwave, aunque también ha sido vinculada con el término cabaret gótico. Otro genero mas con el que se le ha asociado es con el New Wave, pero Voltaire describe su música de esta forma: "Música para un universo paralelo donde la electricidad nunca fue inventada y Morrisey es la reina de Inglaterra". Sus influencias según él son Rasputina, Morrisey, Tom Waits, Cab Calloway y Danny Elfman... pero en estas cosas, como en casi todo, lo mejore es escuchar y después juzgar por uno mismo.

Por mi parte, soy especialmente partidaria del uso de la música como forma narrativa, si bien también yo tiendo más a lo literal que a la mera banda sonora. Quizá por eso soy fan de 'Glee', que es uno de los mejores ejemplos de que existen canciones para casi cualquier tema y momento, y de que no sólo los clásicos tienen mensaje, sino que incluso las canciones populares o que más suenan por la radio pueden ser "buena música"... entre comillas por eso de que para gustos, los colores. La serie perfecta para los que de buen grado harían de su vida un musical.

En cuanto a la relación menos prolífica entre música y literatura, destaca el ejemplo de dos títulos que, a su modo, han sido ya protagonistas en este blog: "Morir a los 27", de Joseph Gelinek, en el que los capítulos llevan por título nombres de canciones más o menos conocidas, cuya verdadera naturaleza se desglosa en un epílogo final (y que, según he leído, pueden escucharse además en la página de Facebook del autor); y "El Traje del Muerto" de Joe Hill (aún lectura pendiente, no se me olvida), que contaba con su propio disco de banda sonora, con piezas seleccionadas por el autor (canciones de Ramones, Black Sabbath, Motorhead, Velvet Underground…) y una presentación del crítico Santi Alcanda en la versión patria.

Otros dos ejemplos: Ruiz Zafón publicó una edición especial de "La Sombra del Viento" acompañada de un disco en el que sonaban composiciones suyas; y, meses después de la salida de "Una Música Constante", de Vikram Seth, el sello Decca publicó también un disco que recoge los temas que interpretan los miembros del cuarteto y la pianista que protagonizan el libro.


Conociendo a chicodeojosazules

* "La mayoria de la gente opta por la elección más común. Siempre piden vainilla. La vainilla define a los buenos chicos, igual que la Coca-cola. Su conciencia está tan blanca como sus dientes perfectos; todos son altos, están bronceados y son presentabls. Comen en McDonald's, sacan la basura, tienen un postgrado y nunca disparan a un hombre por la espalda.

Sin embargo, los chicos malo tienen mil sabores. Los chicos malos mienten, engañan y aceleran los corazones... O a veces hacen que se detengan de repente." (Pág. 19).

* "Llamadme romántico, si queréis, pero yo sí creo en el crimen perfecto. Como el amor verdadero, es sólo cuestión de tiempo y paciencia, de tener fe, de no perder la esperanza,
de carpea el diem, de aprovechar el día..." (Pág. 25).

* "La inocencia, como la virginidad, es algo que sólo puede perderse una vez, y su desaparición no le deja ninguna sensación de pérdida, sino que tan sólo se queda levemente maravillado de que, después de todo, se tratara de algo tan nimio." (Pág. 114).

* "El acto de comer hace que un hombre parezca extrañamente inofensivo; depone todas sus armas con un único propósito." (Pág. 252).

Otras obras de la autora

Diría que, a pesar de ser una autora bastante conocida entre el gran público, especialmente merced a su novela "Chocolat", y sobre todo gracias a la adaptación cinematográfica de este título, pues lo cierto es que no creo que en el fondo muchos sepan siquiera que la historia continúa en "Zapatos de Caramelo"... diría, pues, que Joanne Harris es una autora de la que ni siquiera los que seguimos su obra más allá de tales títulos, si bien sin llegar a ser grandes aficionados, conocemos en demasía.

Y lo digo porque parece que para muchos, entre los que acaso también me encontraba yo hasta la lectura de este "Chico de Ojos Azules", Harris parece no ser más que la escritora de esas novelas de los sentidos, inspiradas en una suerte de realismo mágico, con toque culinario; a tal punto que incluso he visto que en algunos sitios se la etiqueta sin reparos como escritora gastronómica. En mi descargo diré que tal impresión se debe a la propia naturaleza de las novelas de esta mujer que yo había leído hasta la fecha: no sólo las dos mencionadas con anterioridad, y sobre las que no entraremos en más detalles pues ya lo hicimos en otro momento (en la entrada dedicada a "El Cocinero del Dux", si mal no recuerdo), sino también "Cinco Cuartos de Naranja" (en la que su protagonista, de mágico y evocador nombre Framboise, revisita su niñez a través de unos recuerdos que afloran con intensidad cuando vuelve a su pueblo natal en la campiña francesa y abre un coqueto restaurante que adquiere gran notoriedad gracias a las recetas de un cuaderno heredado de su madre) y "Vino Mágico" (la historia narrada por una botella de vino de un escritor con bloqueo cuya vida cambia completamente al hacer realidad un viejo sueño: comprar una casa en el Sur de Francia, con su viñedo y todo).

Y, sin embargo, con poco más que echar un vistazo a sus últimos títulos he descubierto que existe otra Harris, y que el giro hacia lo negro y contemporáneo no parecer ser una novedad, como en algunos lugares parecen insinuar al hablar de la novela que hoy nos ocupa. Buen ejemplo de ello parece ser su título anterior, "Juego de Caballeros", clasificada como una historia de misterio y suspense. En el prestigioso colegio St. Oswald (que, por cierto, también aparece en "Chico de Ojos Azules") en el norte de Inglaterra, acaba de inaugurarse el nuevo curso escolar. Un curso que va a ser especial, ya que las rancias y adormecidas aulas se han visto inundadas de aires de cambio gracias a la incorporación de muchos avances tecnológicos. Los profesores, que siempre habían ejercido su oficio de la forma más tradicional, deberán olvidar los antiguos métodos para adaptarse a los tiempos. Es una renovación que a algunos, como el viejo profesor de latín Roy Straitley, les viene grande. Straitley se siente marginado, no sabe utilizar un ordenador y quizá tenga que plantearse la jubilación, aunque St. Oswald lo haya significado todo en su vida.

Pero no será esto lo único que perturbe el ambiente escolar. Bajo las pequeñas rivalidades y discusiones triviales que se dan cada día subyace algo mucho más peligroso: un rencor amargo y profundo, que ha permanecido oculto durante trece años y que está a punto de estallar. Sin quererlo, el profesor Straitley va a ser el detonante y la primera víctima. Porque lo que había comenzado como una broma pesada iba a abrir las puertas al pasado… y a la muerte. ¡No tiene mala pinta! Y, después de ver de lo que esta mujer es capaz en términos de tensión narrativa y giros inesperados, lo cierto es que siento bastante curiosidad.


Te gustará si te gusta...
Donna Tartt.
Una escritora poco conocida en nuestro país, pero maestra en el arte del suspense, capaz de escribir esa clase de libros de los que uno es incapaz de despegarse desde el mismo momento en que estos llegan a sus manos y sus ojos caen sobre la primera palabra de la primera línea de la primera página... si bien es cierto que sus finales no suelen ser tan deslumbrantes como sus principios.

Su primera novela, "El Secreto", que en su momento lució etiqueta de best-seller, es la historia de cinco estudiantes universitarios, fascinados por un profesor carismático y esnob, que ahondan en los misterios de la cultura griega antigua. Sin embargo, cegados por su propia arrogancia intelectual y moral, cometerán un crimen casi involuntario y, a continuación, se verán obligados a concebir y ejecutar un acto aún más terrible... Una novela apasionante de engaños y complicidades, de culpas y responsabilidades, imprescindible para los amantes de las historias de intriga y especialmente memorable por la perenne sensación de desasosiego que provoca su lectura.

Su segunda novela, "Un Juego de Niños" (no se puede decir que esta mujer sea muy prolífica, pues dedica ocho o diez años por libro), está ambientada en el “profundo Sur” de los Estados Unidos, y comparte con la anterior su condición de novela con tintes negros... si bien lo cierto es que no todo es lo que parce, y el que se acerce a este libro movido por tal consideración puede llevarse alguna decepción. Los Cleve son una familia que conoció tiempos mejores y ahora venida a menos a la que le encanta narrar historias de ellos mismos en las que pueden “olvidar lo que no querían recordar y exagerar o alterar lo que no podían olvidar”. La única historia que nunca se cuenta es la de la muerte del pequeño Robin, de nueve años, asesinado en el jardín de su casa durante una celebración familiar. Esta muerte provoca el desmoronamiento de su familia: la madre es incapaz de superar la tragedia y vive en una especie de letargo que provoca la huida del padre, deseoso de olvidar y seguir viviendo. La hermana mayor, que tenía cuatro años entonces y es la única que pudo ver algo al encontrarse en el jardín en ese momento, se ha convertido en una adolescente apocada, dulce e introvertida. Sólo la hermana pequeña, que era un bebé cuando su hermano murió, parece estar interesada en conocer detalles de ese crimen no resuelto. Orgullosa, inteligente e inconformista, se propone descubrir quién mató a Robin, enfrentándose para ello al silencio que los adultos han tejido en torno al misterioso asesinato de su idealizado hermano. Personalmente, y sin recordar mucho, pues me la leí hará unos siete u ocho años, no me parece una mala novela, aunque hay mucha gente que la encuentra decepcionante...


Y ahora, la solución a nuestro juego sinestésico:

Del 95% al 98% de la gente le asigna el nombre Kiki a la figura angular naranja y Booba a la figura redondeada violeta.

Se piensa que esto tiene implicaciones en el desarrollo del lenguaje; es decir, que el mecanismo de poner nombres a los objetos no es totalmente arbitrario. Otra explicación sería que la forma redondeada suele recibir el nombre de Booba porque los labios forman una figura redondeada para producir el sonido. En cambio, los labios forman una figura más angulosa al pronunciar Kiki. Además, el sonido de las K es más forzado que el de las B.

Por otra parte, en el alfabeto latino, las letras B, o y a tienen una forma más redondeada que K e i y varios investigadores cuestionan la validez del experimento, ya que la mayoría de entrevistados se ven naturalemente condicionados por su conocimiento previo de la grafía de dicho alfabeto.

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Proximamente: "Extrañas Apariencias" de Daniel Waters.


5 comentarios:

  1. ¡Hombre, muchas gracias!

    Los interesados, ya sabéis... aunque sólo sea para descubrir, el que no lo sepa, quién es Voltaire :)

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  2. Estoy leyendo el libro y me está encantando, me queda ya muy poco para el final, pero de repente ha dado todo un giro espectacular. Es de los típicos libros que se devoran en poco tiempo. Aunque hay detalles que aún no entiendo bien, pero supongo que todo se desvelará al final.

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  3. ¡Muchas gracias por pasarte y comentar! Ciertamente, un libro complejo pero de lectura muy amena. Espero que te guste el final ;)... desde luego, y en conjunto, da para pensar unos cuantos días.

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  4. Me acabo de terminar el libro hace unos minutos y he de decir que me ha dejado pasmada y sin saber que pensar en lo absoluto. Me encantaría poder comentar el final contigo. Tu reseña es muy buena y me ha ayudado a comprender mejor la sinestesia.

    Saludos!

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